Vida

Francisco de Miranda
Caracas, 28.3.1750-Cádiz (España), 14.7.1816

Precursor de la Independencia de Venezuela e Hispanoamérica. Hijo del canario Sebastián de Miranda Ravelo y de la caraqueña Francisca Antonia Rodríguez de Espinoza. Se le reconoce como el «primer criollo universal». Fue efectivo combatiente en 3 continentes: África, Europa y América. Participó también en los 3 acontecimientos magnos de su hora: la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la lucha por la libertad de Hispanoamérica.

Su adolescencia fue marcada por la animadversión que los mantuanos (aristócratas criollos) tenían contra su padre por ser éste comerciante, ocupación que, según ellos, lo inhabilitaba para desempeñar el cargo de capitán del batallón de Milicias de Blancos de Caracas.

En 1762 inicia estudios de latinidad de menores y más tarde artes (bachillerato) en la Universidad de Caracas. Poco antes de cumplir 21 años, deseoso de servir en el ejército real, se embarcó para España el 25 de enero de 1771. En Madrid se dedicó al estudio de las matemáticas, de los idiomas francés e inglés y de la geografía. Comenzó entonces a constituir su biblioteca con obras de filósofos y enciclopedistas, varias de ellas prohibidas por la Inquisición.

En el servicio del Rey

En 1772 solicitó y obtuvo del Rey una plaza de oficial en el ejército. Empezó su carrera militar como capitán del regimiento de infantería de la Princesa. El año siguiente fue destinado a servicios de guarnición en las posesiones españolas del norte de África y participó luego en la defensa de Melilla (1774-1775) contra las fuerzas del Sultán de Marruecos y en la expedición española contra Argel (1775). En 1775 inició su amistad con el coronel Juan Manuel Cajigal. Regresó a la Península y pasó de Málaga a Cádiz, donde conoció al comerciante inglés John Turnbull, que sería su amigo durante todo el resto de la vida. Fue trasladado luego a Madrid, donde fue destinado a las Antillas.

El 28 de abril de 1780 se embarcó en Cádiz, en la expedición hacia La Habana. Nombrado capitán del regimiento de Aragón y edecán del general Cajigal, acompañó a este jefe en 1781 con las tropas españolas que reforzaban el sitio puesto por el general Bernardo de Gálvez a la plaza de Pensacola, ocupada por los ingleses en la Florida occidental. Su conducta en la toma y capitulación de Pensacola en mayo de 1781 le valió ser ascendido a teniente coronel. Esta acción bélica, enmarcada en la guerra que España y Francia sostenían contra Inglaterra en el Caribe y en América del Norte para apoyar la independencia de Estados Unidos, contribuyó a fortalecer la posición de los patriotas norteamericanos en las regiones interiores, al facilitar el envío de auxilios Mississipí arriba.

En la campaña de Pensacola se definió la personalidad de Miranda en la concepción de una gran patria libre a la que llamaría en sus posteriores escritos Colombia o Colombeia. Cajigal, nombrado gobernador de Cuba, lo envió a la colonia británica de Jamaica entre agosto y diciembre de 1781 para realizar un canje de prisioneros; cumplió su misión y asimismo obtuvo datos del estado militar de la isla, levantando un mapa de ella. En abril de 1782 participó en la expedición naval española que salió de Cuba para conquistar las islas británicas de las Bahamas. Como edecán del general Cajigal negoció la capitulación de esas islas con el almirante inglés, el 8 de mayo.

Condujo a Cabo Francés (Haití) el parte de la toma de las Bahamas, pero se vio envuelto en intrigas y denuncias; sus enemigos o rivales le acusaban de que en junio de 1781 permitió visitar las fortificaciones de La Habana al general inglés Campbell; arrestado, fue pronto puesto en libertad gracias a su amigo Cajigal.

El exilio: la formación de un humanista

De regreso a La Habana se vio obligado a esconderse para evitar una injusta prisión y se embarcó hacia Estados Unidos (1.6.1783), donde pasó 18 meses. Allí estudió el proceso de la revolución norteamericana, frecuentó a prominentes ciudadanos, entre ellos a Jorge Washington, Alexander Hamilton, Henry Knox, Samuel Adams y Gilbert M. de la Lafayette y esbozó su primer proyecto de independencia de todo el continente hispanoamericano.

En diciembre de 1784 se embarcó para Inglaterra, siempre con el propósito de conseguir ayuda para independizar Hispanoamérica. El momento no era propicio y Miranda se dedicó a perfeccionar su cultura, que habría de llegar a ser enorme y sólida.

Formó su personalidad metódica y disciplinadamente, en los más variados ramos del saber; desde un principio, en sus apuntes y particularmente en su Diario, él mismo explicó su programa sobre el plan de su existencia:

«Con este propio designio he cultivado de antemano con esmero los principales idiomas de la Europa que fueron la profesión en que desde mis tiernos años me colocó la suerte y mi nacimiento. Todos estos principios (que aún no son otra cosa), toda esta simiente, que con no pequeño afán y gastos se ha estado sembrando en mi entendimiento por espacio de 30 años que tengo de edad, quedaría desde luego sin fruto ni provecho por falta de cultura a tiempo: La experiencia y conocimiento que el hombre adquiere, visitando y examinado personalmente, con inteligencia prolija el gran libro del universo, las sociedades más sabias y virtuosas que lo componen, sus leyes, gobierno, agricultura, policía, comercio, arte militar, navegación, ciencias, artes, etc., es lo que únicamente puede sazonar el fruto y completar en algún modo la obra magna de formar un hombre sólido».

Conoció por lo menos seis de las principales lenguas de occidente; traducía del latín y del griego; su curiosidad era insaciable. Es el primero y más completo de los héroes humanistas de la independencia hipanoamericana.

Durante 4 años (1785-1789), emprendió un largo viaje a través de Europa, que resultó decisivo para su formación deológica y su madurez intelectual. Gracias al Diario que llevaba, dejó tal vez la más completa información sobre el Siglo de la Luces, hasta merecer ser considerado «el mejor memorialista de su tiempo». Escribía efectivamente un diario completo y minucioso de sus impresiones y de su empleo del tiempo durante esos 4 años, anotando todo lo que había visto, oído y aprendido.

Recorrió Europa en calidad de viajero y de investigador. Los periódicos de Londres se refierían a él como: «…un hombre ilustrado y amante de la libertad de Suramérica». Visitó parte de Holanda, Prusia, casi toda Italia y Grecia, recorriendo y conociendo numerosos sitios de interés histórico, religioso, artístico o social. En todos los países que visitó fue su costumbre estudiar sus establecimientos públicos, cárceles, escuelas, hospitales, orfanatos, manicomios, teatros, museos, academias artísticas y científicas, tribunales, con un interés insaciable que no tiene parangón en las filas de los más ilustrados ideólogos de la independencia. Todas sus anotaciones, comentarios y reflexiones sobre estas visitas están impregnados de empatía por los seres humanos que sufren, los desvalidos y los oprimidos.

Pasó al Asia Menor y al Imperio Turco (Constantinopla) y, antes de fines de 1786, llegó a Rusia donde hizo amistad con el príncipe Potemkin, favorito de la emperatriz Catalina, quien lo invitó a visitar Crimea con él. En Kiev, el 14 de febrero de 1787, fue presentado a Catalina que hizo de él uno de sus predilectos y le autorizó a usar el uniforme del ejército ruso. Visitó Moscú y San Petersburgo y con cartas de presentación para los diplomáticos rusos en Viena, París, Londres, La Haya, Copenhague, Estocolmo, Berlín y Nápoles, salió de Rusia a mediados de 1787; pasó por Finlandia y llegó a Estocolmo, donde fue recibido por el rey de Suecia Gustavo III en agosto de ese año. Siguió a Oslo y Copenhague.

Mientras tanto el gobierno de Madrid hacía vigilar a Miranda, cuya extradición se proponía pedir. Muchas veces debió usar nombres falsos y documentos apócrifos de identidad. Continuó su viaje por Hamburgo, Bremen y Holanda, donde se hacía llamar el señor Meroff; pasó luego a Bélgica, Alemania, Suiza, y el norte de Italia. Para eludir las persecuciones de la Corona española, usó en esa época el nombre de monsieur Meyrat. De Ginebra fue a Lyon (Francia) y el 16 de febrero de 1789 se encontraba en Marsella. Salió para el centro y norte de Francia, hasta París, y regresó a Inglaterra el 18 de junio del mismo año.

En Londres reanudó sus conversaciones con el primer ministro William Pitt y lord Grenville sobre la proyectada emancipación de Hispanoamérica, presentándoles planos y estudios de operaciones militares posibles en América. En 1791, todas las gestiones de Miranda ante el gabinete de Londres pueden resumirse en esas pocas palabras que escribió al ministro William Pitt (el joven):

«Mis miras han sido siempre y son hoy tan sólo las de promover la felicidad y la libertad de mi propia Patria (América del Sur) excesivamente oprimida; y al hacerlo, ofrecer también ventajas comerciales a la Gran Bretaña».

En la revolución francesa

La indiferencia de Pitt lo obligó a buscar nuevos horizontes para la realización de su ideal de
liberación americana. Se dirigió a Francia, entonces en plena revolución. Llegó a París el 23 de marzo de 1792, entablando en seguida estrecha amistad con el alcalde de la ciudad, Jerónimo Pétion, y los diputados girondinos Juan Brissot, Armando Gensonné y Víctor Massenet para quienes tenía cartas de recomendación. El ministro de Guerra, José Servan, le ofreció un alto grado en el Ejército Revolucionario.

El 25 de agosto de 1792 fue nombrado mariscal de campo, pero Miranda explicó que había aceptado su nueva situación porque quería promover así la causa de la independencia de Hispanoamérica. Poco después fue ascendido a segundo jefe del ejército del norte, cuyo jefe era el general Carlos Dumouriez. Al mando de una división, Miranda obligó a retroceder el 12 de septiembre de 1792, en las acciones de Morthomme y de Briquenay, a los batallones prusianos; el día 20, éstos, después de varias horas de furioso cañoneo, fueron rechazados y se retiraron del campo de Valmy, donde hoy existe una estatua de Miranda en conmemoración de ese triunfo, al cual él contribuyó.

En octubre fue ascendido a general de los ejércitos de la República Francesa. El gobierno de París se proponía enviarlo a Saint Domingue (Haití), a fin de someter a los esclavos y mulatos que luchaban por su libertad y la de su patria, pero Miranda rechazó esa misión.

Dumouriez le confió la jefatura del Ejército del Norte. Ocupó Amberes y tomó el mando del ejército en Bélgica. Se vio luego obligado a levantar el sitio de la ciudad de Maastricht. La derrota de Neerwinden le obligó a retirarse. Pero Dumouriez, que ya estaba traicionando a Francia y pensaba pasarse al campo de los enemigos austríacos, lo denunció como responsable de las derrotas sufridas, ante Danton y la Convención Francesa, que le ordenó presentarse en París. El 28 de marzo de 1793 estaba Miranda en esa ciudad, listo para comparecer ante la Convención y denunciar al traidor Dumouriez. Pero las rivalidades entre jacobinos y girondinos lo condujeron a comparecer ante el tribunal revolucionario, cuyo acusador público era el terrible Antonio Fouquier-Tinville, quien dictó auto de detención contra Miranda.

Empezó en ese momento su largo calvario en las prisiones de París: primero la Conserjería, de donde salían todos los destinados a la guillotina, luego La Force, Les Magdelonettes. Defendido por el abogado Claudio Chauveau-Lagarde, recobró Miranda su libertad el 13 de enero de 1795.

Reanudó su vida social y trabó conocimiento con el entonces joven general Napoleón Bonaparte, quien diría de él: «…ese Quijote, que no está loco, tiene fuego sagrado en el alma…»

Negociador, conspirador y precursor

Perseguido de nuevo por la Convención y el Directorio, pasó a la clandestinidad. El 22 de diciembre de 1797 firmó con José del Pozo y Sucre y Manuel José de Salas, «comisarios de la Junta de diputados de las provincias de la América Meridional» el Acta de París que plantea las gestiones encaminadas a lograr la independencia de Hispanoamérica buscando el apoyo de Inglaterra y Estados Unidos. Regresó a Londres el 15 de enero de 1798 y reanudó en seguida sus gestiones cerca del primer ministro Pitt y el gabinete británico, así como ante las autoridades norteamericanas, para lograr la ayuda indispensable a la ejecución de su plan de operaciones militares para su empresa hispanoamericana.

A fines de ese año y primeros meses de 1799, Miranda aprovecha el regreso al Nuevo Mundo de varios latinoamericanos (entre ellos el chileno Bernardo O’Higgins) para difundir el ideario de la emancipación. Hace imprimir en francés la Carta a los españoles americanos del jesuita peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán.

Todavía sin recibir apoyo de Inglaterra ni de Estados Unidos, piensa viajar a la isla Trinidad (ocupada entonces por los ingleses) con el propósito de promover desde allí la lucha emancipadora; pero el gobierno inglés le niega el pasaporte, mientras es traicionado por su secretario francés Luis Duperon. Recibe carta de Manuel Gual, desde Trinidad, quien lo llama a ser «…el salvador de la Patria». Asimismo sabe por su ex jefe el general Cajigal la noticia de que, en el juicio que se le seguía en España desde hacía casi 20 años, se le ha exonerado de toda
culpabilidad.

A principios de 1800 vive en Londres con su ama de llaves, Sarah Andrews, que le dará 2 hijos: Leandro y Francisco. Le escribe 2 cartas a Napoleón, quien le concede permiso tácito para que vaya a París donde se encuentra el 28 de noviembre de 1800. Poco después José Fouché, ministro de la policía, ordena que sea expulsado por «…maniobras e intrigas contrarias a los intereses del gobierno francés y de sus aliados…»

De regreso a Londres, en 1801, continúa sus gestiones en pro de la independencia de Hispanoamérica, esta vez con el ministro Nicolás Vansittart, quien se convertirá en uno de sus más consecuentes protectores.

Prepara un programa de gobierno provisional, un reglamento militar y una proclama A los pueblos del continente Colombiano alias Hispanoamérica. En 1802 se traslada a la que llegará a ser su residencia definitiva en Londres, la casa núm. 27 de Grafton Way, hoy día propiedad del Estado venezolano. En 1803, a pesar de las promesas de ayuda del gabinete británico, no puede realizar la expedición que quiere dirigir hacia Trinidad como base de sus operaciones en América.

En los primeros meses de 1805 hace sus preparativos para marcharse. Redacta su testamento nombrando por albaceas a sus amigos John Turnbull y Nicolás Vansittart. Dispone que su archivo Colombeia sea enviado a Caracas (cuando sea independiente), lega sus clásicos griegos y latinos a la Universidad de Caracas y sus demás bienes en Caracas, Londres y París, a sus hermanas y sobrinos, para que sean aplicados a la educación de su hijo Leandro y a Sarah Andrews.

La Expedición Libertadora

Acompañado por su secretario Tomás Molini se embarca con destino a Nueva York (2.9.1805). En Estados Unidos visita al presidente Thomas Jefferson y al secretario de Estado James Madison, quienes lo reciben cordialmente pero sin comprometerse en la expedición que él prepara. Miranda, con la ayuda de algunos amigos, logra armar al bergantín Leander, al que pone el nombre de su hijo, y zarpa de Nueva York hacia Jacmel (Haití) el 2 de febrero de 1806. Su comandante es Thomas Lewis. En el puerto haitiano se unen al Leander las goletas Bee y Bacchus. El 12 de marzo es creada por Miranda la bandera tricolor (amarillo, azul y rojo) que ondea en el mástil del Leander anclado en la bahía de Jacmel. El 24, todos los expedicionarios prestan juramento de ser fieles y leales: «…al pueblo libre de Sur-América, independiente de España…»

La expedición se dirige al puerto de Ocumare (Venezuela) vía Aruba. Luego de un combate naval trabado frente a Ocumare el 28 de abril de 1806 con barcos españoles cuyo poder de fuego es muy superior, el Leander tiene que retirarse mientras que las goletas Bee y Bacchus caen en manos de los españoles, que hacen 60 prisioneros. Diez de ellos serán condenados a muerte y ahorcados en Puerto Cabello.

Miranda reorganiza sus fuerzas en Barbados y Trinidad. Desembarca en La Vela de Coro el 3 de agosto de 1806, toma el fortín e iza la bandera. Entra en la ciudad de Coro, antes de amanecer el día 4, y allí también iza el pabellón de la patria naciente, pero muchos habitantes, evitando comprometerse, prefieren huir de la ciudad, que es evacuada por las tropas realistas. El 13 se reembarca Miranda. En Aruba, Granada, Barbados y Trinidad pasa más de un año aguardando nuevos auxilios que no llegan nunca.

El incansable negociador, en vísperas de la revolución

El 31 de diciembre de 1807 está de nuevo desembarcando en Inglaterra. En Londres vive en su casa de Grafton Way, donde están Sarah, Leandro y Francisco, su último hijo, a quien no conocía pues había nacido en febrero de 1806. Los documentos y anotaciones de su Diario evidencian su preocupación autocrítica, el sincero deseo de investigar a fondo los errores cometidos durante su fracasada Expedición Libertadora. Guarda en su archivo los artículos que se publican en su contra y subraya todo lo que le parece pertinente.

Miranda reinicia las gestiones ante el gabinete británico durante los primeros meses de 1808, y tiene éxito. Una expedición militar, al mando del general Arthur Wellesley (más tarde duque de Wellington) se prepara para ir a Suramérica en apoyo del movimiento revolucionario. Pero en mayo de ese año España es invadida por las tropas de Napoleón y la expedición inglesa que iba a acompañar a Miranda a América es dirigida entonces a la Península para luchar junto con los españoles contra los franceses.

Desde Londres, Miranda escribe a los cabildos y a personajes criollos de Caracas, Buenos Aires y otras poblaciones incitándoles a formar juntas de gobierno independientes, y continúa sus gestiones ante Richard Wellesley, lord Grenville, el ministro lord Castlereagh y George Canning. Se consagra a la edición de documentos propagandísticos a favor de la independencia y del periódico El Colombiano, redactado en español, que se publica en Londres de marzo a mayo de 1810. En una circular dirigida a personas e instituciones de Europa y del Nuevo Mundo declara que su casa londinense: «…es y será siempre el punto fijo para la Independencia y Libertades del Continente Colombiano…»

En la Primera República de Venezuela

El 14 de julio de 1810 llegan a Londres los comisionados de la Junta Suprema de Gobierno de Caracas, Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello. Ha sido iniciado el proceso para la separación de España de las provincias de Venezuela desde el 19 de abril. En Londres Miranda se convierte en el consejero, el introductor y compañero de los comisionados: los recibe en su casa, les acompaña en sus visitas a personalidades e instituciones. Miranda se propone regresar a Venezuela. Bolívar sale de Londres a mediados de septiembre. Miranda lo hace el 10 de octubre dejando alojados a Bello y López Méndez en su casa de Grafton Way.

El 10 de diciembre de 1810, después de hacer escala en Curazao, llega a La Guaira donde es recibido con entusiasmo por la población y por Bolívar, designado a este efecto por la Junta de Gobierno. Es nombrado teniente general de los Ejércitos de Venezuela el 31 de diciembre de 1810. Impulsa la instalación de la Sociedad Patriótica y en 1811 se incorpora al Congreso Constituyente como diputado por El Pao (provincia de Barcelona). Sostiene la necesidad de declarar la independencia definitiva, lo que se realiza el 5 de julio de 1811 y pocos días después se adopta como bandera nacional la traída por Miranda en 1806.

El Precursor dio ciertamente a Venezuela la Bandera, estampó su firma en el Acta de la independencia e inspiró con su ideario la más bella estrofa del Himno Nacional: «…Unida con lazos que el cielo formó la América toda existe en Nación…»

En julio de 1811 los realistas de la ciudad de Valencia se levantan en armas contra la independencia y el Ejecutivo designa a Miranda jefe del Ejército; ocupa la ciudad después de violentos combates. Reorganiza su ejército e introduce una severa disciplina que será motivo de críticas en la misma esfera del gobierno. En diciembre de 1811, como diputado, suscribe la Constitución Federal, aunque expresando reservas porque la considera poco adecuada a las circunstancias de una República naciente.

A raíz del terremoto del 26 de marzo de 1812 que destruyó a Caracas y ante la amenaza de varias insurrecciones, el Poder Ejecutivo Federal lo nombra, en Valencia, general en jefe de Tierra y Mar de la Confederación de Venezuela y delega en él facultades ordinarias y extraordinarias. Miranda nombra a Bolívar comandante militar de Puerto Cabello.

El capitán de fragata realista Domingo de Monteverde ha invadido, desde Coro, y ocupa la ciudad de Valencia. Poderes dictatoriales han sido conferidos a Miranda para que salve a la República pero la pérdida de Puerto Cabello, en manos de Bolívar, hace desaparecer toda posibilidad de triunfo. El 12 de julio, después de una junta celebrada en La Victoria, Miranda decide proponer a Monteverde un armisticio y subsiguiente capitulación. Después de varios días de negociaciones Miranda aprueba en La Victoria, el 25 de julio, el convenio de capitulación que el día anterior habían acordado en Maracay su comisionado Antonio Fernández de León y el jefe realista Domingo de Monteverde. Miranda le encomienda finiquitar los detalles de la capitulación a José de Sata y Bussy, quien el mismo día 25 de julio de 1812 la firma en San Mateo con Monteverde. El 26, Miranda se dirige a Caracas. Luego de pasar órdenes a su edecán y secretario Pedro Antonio Leleux para embarcar su archivo y libros con destino a Curazao, Miranda sale el 30 de julio de Caracas hacia La Guaira, donde llega en la tarde. Ese archivo, que se conserva hoy en la Academia Nacional de la Historia, es su monumental Colombeia: 63 volúmenes encuadernados por él, que contienen íntegra su historia y el acervo de textos correspondientes a la unidad y el trabajo revolucionarios en una acción de 40 años.

Durante la noche del 30 al 31 de julio, a las 3 a.m., un grupo de militares y civiles, entre los cuales se encuentran Bolívar y Miguel Peña, arrestan a Miranda, a quien reprochan la capitulación con Monteverde: «Bochinche, bochinche…» es la exclamación del Precursor en el momento de ser detenido y encerrado en el castillo de San Carlos.

Quienes participaron en la penosa confusión de estos acontecimientos podían estar movidos por diversos propósitos. Algunos, como era el caso de Bolívar, aspiraban a desconocer la capitulación y a proseguir la lucha, lo cual no resultó posible. Si las circunstancias los condujeron a enfrentarse en 1812 con Miranda, el reconocimiento de lo que éste representaba en la historia de América quedó expresado diáfanamente en 1826, con el juicio definitivo de Simón Bolívar, ya Libertador, que consagra a Miranda llamándolo «…el más ilustre colombiano…»

Poco después de su arresto las avanzadas realistas al mando de Francisco Javier Cervériz, entran en La Guaira y se apoderan de Miranda, a quien encadenan en las bóvedas. De allí es enviado al castillo de San Felipe, en Puerto Cabello. A principios de 1813, desde la mazmorra porteña, escribe un memorial a la Real Audiencia de Caracas en el cual exige el cumplimiento de la capitulación de San Mateo. El 4 de junio es trasladado a la fortaleza de El Morro, en Puerto Rico y a fines de 1813, un bergantín español lo lleva preso a España. A principios de enero de 1814 está encerrado en un calabozo del fuerte de las Cuatro Torres, en el arsenal de La Carraca, cerca de Cádiz.

Aislado del mundo exterior, sólo recibe noticias y alguna pequeña ayuda de sus viejos amigos los Turnbull y de la casa de Duncan, Shaw y Cía. Piensa evadirse y pasar a Gibraltar pero un ataque de apoplejía, desde el 25 de marzo, lo paraliza. Asistido sólo por su criado Pedro José Morán, muere, después de una larga agonía, en la madrugada del 14 de julio de 1816.

Sus restos mortales fueron sepultados en una fosa común.

Para la eternidad es mérito sustancial de Miranda la creación del concepto de América como unidad, vale decir, como principio motor de una voluntad de lucha, como elemento nítido de una estrategia planetaria. En vano se busca una idea clara y total de América en el largo período de la dominación colonial antes de Miranda. Ni tan solo una palabra para designar al continente se ha tropezado en ninguna de las culturas indígenas; ni en una siquiera de las más adelantadas. Miranda es el primero que logra la perspectiva justa, la visión íntegra. Exacta. Propone un nombre cabal: Colombia, el continente Colombiano, desde el río Mississipí al cabo de Hornos. La razón de su vida: la independencia y libertad del continente colombiano. Miranda fue como un centro original y único de convergencia: El único hombre en ese tiempo que tuvo contacto personal y directo, con todos y cada uno de los más notables personajes de aquella hora. Conoció y trató personalmente, en modo conjunto, a Washington, Bolívar, Napoleón, Bello, Pitt, O’Higgins, Sucre, Catalina de Rusia, Luis Felipe, Wellington, Dantón, etc.; y se relacionó en alguna forma con gente de alta jerarquía en distintas áreas geográficas, como San Martín, del Sur; Nariño, de la Nueva Granada; Montúfar y Rocafuerte, del Ecuador; Servando Teresa de Mier, de México; José Bonifacio, del Brasil. (Texto de José Luis Salcedo-Bastardo, con pequeñas modificaciones de Carlos Vidales).

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HEMEROGRAFÍA:
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KEY AYALA, SANTIAGO «Contribución a la bio-bibliografía Mirandina». EN: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, núm. 129, enero-marzo, 1950.

ICONOGRAFÍA:
Los extensos viajes que Miranda realizó por Europa, Estados Unidos de Norteamérica y el medio Oriente dieron ocasión para que varios artistas lo retratasen del natural. El más antiguo de esos retratos que se conoce es el que en Zúrich (Suiza) le hizo en 1788 un dibujante no plenamente identificado, por encargo de Juan Gaspar Lavater; el original, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria, en Viena, está ejecutado con lápiz y tinta sobre papel azul. En 1793 se publicó en París un grabado que muestra el rostro de Miranda de perfil, hecho por Charles Etienne Gaucher, basándose en un óleo pintado por Juan Francisco Lebarbier cuyo paradero actual se desconoce; un ejemplar del grabado se conserva en el Archivo del general Miranda en la Academia Nacional de la Historia, Caracas. Posiblemente el retrato de mayor calidad artística del Precursor es uno ejecutado por un autor anónimo hacia 1806 en Estados Unidos, que tiene en la parte inferior la siguiente leyenda: «Francisco de Miranda. Patria Cara Carior Libertas»; se trata de un pastel sobre papel que perteneció al senador norteamericano Hiram Bingham y posteriormente a la colección de Alfredo Boulton, de Caracas. Entre su primer intento de libertar a Venezuela hecho a fines de abril de 1806 y el segundo, de comienzos de agosto del mismo año, Miranda estuvo en varias islas del Caribe, entre ellas, Barbados. En ésta se le hizo un retrato del cual se sacó un grabado coloreado que publicó en Londres en octubre de ese año William Holland; un ejemplar de este grabado está en la Biblioteca Oliveira Lima de la Universidad Católica de Washington (Estados Unidos). Se sabe también que existió otro retrato suyo del cual se apoderaron las autoridades españolas de Venezuela en 1806 y que en agosto del mismo año fue quemado en la plaza mayor de Caracas por mano del verdugo. En una fecha no determinada, pero posterior a 1793 y anterior a 1816, el artista francés Francisco Bonneville ejecutó un aguafuerte de Miranda, de uniforme, basado en el grabado de Gaucher; en ese aguafuerte se inspiraron posteriormente otros artistas, ya no contemporáneos de Miranda: la imagen que hizo Carmelo Fernández para el Resumen de la historia de Venezuela de Rafael María Baralt y Ramón Díaz, impresa en París en 1841, y el lienzo pintado por Jorge Rouget que se conserva en el Palacio de Versalles (Francia). La figura de cuerpo entero de Miranda se destaca en primer plano en el cuadro de Juan Lovera titulado La firma del Acta de la Independencia, un óleo sobre tela ejecutado en 1837-1838; Lovera, que pudo ser testigo presencial de aquel suceso en 1811, se esmeró 25 años después en reproducir los rasgos fisonómicos de los principales participantes. Este cuadro, que perteneció de 1838 a 1976 al Congreso Nacional, se exhibe actualmente en la Capilla de Santa Rosa de Lima en el Concejo Municipal de Caracas. En otro lienzo que representa la misma escena, titulado El Constituyente de Venezuela, obra de Martín Tovar y Tovar (1883) figura también Miranda, para cuyo rostro se inspiró el pintor venezolano en el aguafuerte de Bonneville. En julio de 1896, con motivo de cumplirse 80 años de la muerte del Precursor, fue expuesto en el Teatro Municipal de Caracas el óleo Miranda en la Carraca, obra de Arturo Michelena, que se encuentra actualmente en la Galería de Arte Nacional, Caracas. En fecha reciente fue localizado un retrato realizado por Arturo Michelena,(¿1897?), el cual se encuentra en la Prefectura de El Callao, estado Bolívar. En 1930 Francisco Esteban Frías pintó un óleo sobre tela (inspirado en la figura de Miranda que aparece en la obra de Tovar y Tovar antes mencionada), el cual es parte de la colección artística del Ministerio de Relaciones Exteriores, Casa Amarilla, Caracas. Aun cuando no pertenece propiamente a la iconografía sino a la epigrafía, el nombre de Miranda está inscrito en el Arco de Triunfo de París (construido de 1806 a 1836) al lado de numerosos oficiales que participaron como él en las campañas de la Revolución y del Imperio a partir de 1792.

6 Respuestas a “Vida

  1. Profesor,

    Carlos Vidales, como no encontré su dirección electronica de correo; a traves de éste le envio un cordial saludo y elogio que se manifiesten personas de nuestro país en las diferentes profesiones que ejerzan en otras latitudes

    Calarqueño, lector de Luis Vidales

  2. Me gusto el documento encarna la libertad de Hispanoamerica y su destino qu eno era otro que unir el norte el centro y el sur de america.
    Muy bueno.. muy bueno

  3. me interesa entrar en contacto con el Instituto de Estudios Historicos Mirandino. He sido un mirandino desde siempre. Con mi colaboracion se coloco en Bogota el busto de Don Francisco en 1972 y tengo el orgullo de haber sido condecorado con la Orden que lleva su nombre.En la actualidad hago la coordinacion editorial y la investigacion historica para la edición de la colección “Personajes de la Independencia”, patrocinada por la Sociedad Academica Santanderista de Colombia, de la cual soy el Secretario General.Nuestro proximo volumen es “Don Francisco de Miranda” del argentino Manuel Galvez.
    Agradezco que se comuniquen conmigo para varios efectos.

    Hasta pronto

    Juan Vitta

    • Estimado Juan Vitta, gracias por su atento mensaje. Supongo que usted se refiere al Instituto de Estudios Históricos Mirandinos, cuya dirección es: Apartado Postal 61177, Chacao, Estado Miranda, Venezuela. Le sugiero que escriba a esa dirección para establecer contacto. Saludos cordiales. Carlos Vidales.

  4. Hello there, I found your blog by means of Google whilst looking for a similar subject, your site came up, it looks good. I’ve bookmarked it in my google bookmarks.

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